24 de enero de 2015




Concierto de la Orquesta Carníval dirigida por Chefa Alonso - Festival Internacional Hurta Cordel - 2015




Maravilloso espectáculo. Sorprendente, divertido, lúdico, ameno, brillante!!! Un espectáculo musical y escénico esencialmente vinculado a la improvisación y la conducción. La Orquesta Carníval nace con una idea de mezcla entre la improvisación (con y sin conducción) y la composición previa, para integrar con un espíritu salvaje, la música de circo, el free jazz, la poesía, la danza, la música electrónica y experimental. Esta orquesta está integrada por 15 expertos improvisadores, 12 músicos, un poeta y dos bailarinas.

Photos © by Esther Cidoncha, Madrid 2015
Orquesta Carníval dirigida por Chefa Alonso, Festival Internacional Hurta Cordel, La Casa Encendida, Madrid 23 de enero de 2015







22 de enero de 2015




Tete Montoliu - Johnny Griffin - Jeff Jerolamon - 1989



Photos © by Esther Cidoncha 1989
Encuentro una de esas fotos raras que no sabía ni que tenía. Estoy sorprendida porque no me acordaba de haber fotografiado a Tete Montoliu en el año 1989 en el Festival de Jazz de Chiva, Valencia. Pero esta imagen demuestra que yo estuve ahí. Debió de ser uno de mis primerísimos conciertos, las fotos no están muy bien pero he querido salvar estas dos imágenes como testimonio. Relax en los camerinos. El pianista catalán e internacional Tete Montoliu con el batería americano afincado en Valencia Jeff Jerolamon. En la siguiente imagen en pleno concierto Johnny Griffin y Tete Montoliu.








21 de enero de 2015




Lee Konitz - Valencia 1992




Lee Konitz © by Esther Cidoncha, Valencia 1992

El saxofonista alto americano Lee Konitz nació en Chicago en 1927. Considerado como una de las fuerzas impulsoras del Cool Jazz, participó en el fundacional ‘Birth of the Cool’ de Miles Davis. Uno de los discípulos más dotados salidos de la escuela de Lennie Tristano tocó con su maestro durante la época de 1949. Junto al saxofonista tenor Warne Marsh grabó algunos de sus mejores discos en los años 50’. Ha trabajado con muchos de los mejores músicos de jazz entre ellos Charles Mingus, Gerry Mulligan, Paul Bley, Don Friedman, Joe Henderson, Jimmy Giuffre, Brad Mehldau o Jim Hall. A día de hoy sigue siendo uno de los más importantes saxofonistas de jazz. Lo comprobé yo misma este verano en el Festival de jazz de Newport. En 1992 tocó en Valencia junto al contrabajo Santi Debriano y al batería Al Levitt en un muy hermoso concierto. Curiosamente buscando unos negativos de esa época me encuentro con esta imagen.




20 de enero de 2015




EL JAZZ SEGÚN ESTHER CIDONCHA - Por Félix Amador, a través de su blog 'Jazz, ese ruido'



EL JAZZ SEGÚN ESTHER CIDONCHA

When Lights Are Low

http://jazzeseruido.blogspot.com.es/2015/01/el-jazz-segun-esther-cidoncha.html


Hace unas semanas, estábamos escuchando un tema de la orquesta de Woody Herman (“Half Past Jumpin' Time”). En aquella grabación sonaban juntos tres gloriosos tenores: Al Cohn, Zoot Sims y Stan Gets, además de otros nombres memorables como Red Rodney, Shorty Rogers, Serge Chaloff, el propio Woody Herman... y un pensamiento se nos quedó rondando la cabeza durante toda la tarde: ¿dónde encontraríamos ahora tantos auténticos músicos de jazz juntos? ¡Ni en un festival! Sobre todo porque últimamente los festivales de jazz apenas traen músicos de jazz... La respuesta llegó en forma de libro: When Ligths Are Low. Editado por La Fábrica, sus 180 fotografías son la síntesis en papel de la extensa obra de nuestra fotógrafa de jazz española favorita: Esther Cidoncha.

Quizás los que conozcan (conocemos) a Esther a través de su blog o de sus exposiciones estemos acostumbrados a las cotas de su fotografía, a su capacidad para transmitir la humanidad de los semidioses que son los músicos de jazz, a constatar que el blanco y negro puede tener tantos matices como una buena improvisación, pero lo que más nos ha sorprendido de su libro When Lights Are Low es la calidad de la edición, cuidadísima, a cargo de La Fábrica y de la propia Esther, algo inesperado en un país donde los libros de fotografía (en especial, sobre jazz) llegan siempre de fuera. El papel es fabuloso, el tamaño adecuado (se agradece que no se hayan incluido fotografías a doble página, algo siempre molesto por el corte central) y los textos que acompañan los distintos capítulos no sólo emocionarán a los amantes del jazz sino que han sido escritos por firmas relevantes. Destacaremos subjetivamente (porque nos han tocado en nuestro corazón jazzístico), las palabras del jazzero confeso Antonio Muñoz Molina cuando dice que "El buen fotógrafo de jazz es el que retrata la condición entre profetas y jornaleros cumplidores de los músicos, entre visionarios y marginales..." mientras que José María Díaz-Maroto alaba "la magnitud de Esther, situada -siempre- en el lugar perfecto, pero invisible, en un escenario inusual y con la imposibilidad de manejar la luz y adecuarla a sus necesidades." Añade que "Ante este difícil panorama, resuelve impecablemente generando la realidad de una atmósfera irrepetible" y así es. Momentos que Esther captura con pericia y sin dudar, momentos irrepetibles de la Historia del Jazz, algo que alabábamos de William P. Gottlieb, que tenía la "obligación" de hacer la foto perfecta porque se pagaba él mismo los negativos...

Chema García Martínez, por su parte, recuerda en su texto la máxima de Cartier-Bresson, que recuerda que "la vida ocurre sólo una vez, para siempre", algo así como el jazz, efímero como una nota, en instantes como fotografías. Esther sabe captar eso y hacer humanos a los músicos, humanos con capacidades de dioses, y los hace entendibles para nosotros, los mortales.

O esta reflexión de Wadada Leo Smith sobre la importancia de fotografiar en blanco y negro, que merece ser enmarcada:  Cuando hay color, la gente se parece a nosotros, no hay diferencia entre la foto y la realidad. Pero el blanco y negro establece una diferencia real, porque te obliga a pensar en qué consiste la imagen, en qué es real y qué no lo es. Sin esa reflexión no hay arte.

Suponemos que ha sido una labor tremenda elegir 180 fotografías de entre un trabajo de 25 años; sin embargo, podemos afirmar que las que están incluidas hacen justicia a su técnica y a su personalidad. Pero, ¿cómo se llega a tener ese ojo crítico, estético y por el que todos querríamos mirar? Le hemos preguntado a la propia Esther.



Entrevista a Esther Cidoncha

Jazz, ese ruido: Empecemos por el principio. ¿Cómo empezaste en la fotografía y qué te llevó al jazz?

Esther Cidoncha: Me inicié en la música del jazz, pasada mi adolescencia, en casa de un amigo que tenía discos de Art Blakey, Charlie Parker, Thelonious Monk, Miles Davis, Coleman Hawkins, Duke Ellington o Charlie Mingus entre otros. En seguida me gustó esa música a veces extraña, difícil, abstracta, compleja, pero también evocadora, sugestiva, vitalista, individualista, creativa, por momentos introspectiva o explosiva, interpretada por músicos que necesitan expresar lo que no pueden exteriorizar con palabras, creando un lenguaje original singular, inalienable e intransferible.
     Años más tarde, y siendo bailarina profesional de Danza Contemporánea en Barcelona, me compré una cámara japonesa, una pequeña Yashica de un solo objetivo de 50 mm. Hacía fotos en las giras que realizamos por Europa. Me atraía fotografiar los vestuarios, los pequeños hoteles, a mis propias compañeras bailarinas en momentos de relax. 
     La estética y la gráfica en torno al jazz me llamó poderosamente la atención. Revisando mis primeros negativos, empecé a realizar fotografías de jazz en 1989 en Valencia, con el mítico grupo legendario Modern Jazz Quartet, uno de los combos que más han influido en la historia del jazz moderno. Mi estímulo por la fotografía de jazz fue inmediato. Compraba los carretes en blanco y negro y los revelaba en casa, en un pequeño laboratorio preparado con todos los materiales disponibles. Siempre era un nuevo asombro descubrir las imágenes realizadas durante el concierto o la prueba de sonido. 



J,ER: ¿Qué tiene la imagen de jazz que no tiene otro tipo de música?

EC: Hay una más que evidente afinidad entre fotografía, fundamentalmente en blanco y negro, y el sonido del jazz. Esta vinculación proviene de ciertas similitudes entre estos dos géneros artísticos. Ambos son espontáneos, captan emociones, experiencias en un breve instante. A mi entender, la fotografía de ensayos o de un concierto no necesita colorido, el blanco y negro por sí solo se basta. Así mismo el jazz lo veo de este modo, sobrio, sin aderezos, puro, austero, evocador, sugestivo. Porque habla de verdad, de emociones vitales. La creación y la improvisación ocurre en cada instante de manera continua. La fotografía capta ese instante. Y otros muchas situaciones, como son el ambiente que se vive en un club de jazz y el momento de concentración de un músico antes de salir al escenario.
     El jazz utiliza un lenguaje muy complejo para hablarte de emociones, de esencia, de verdad. Basta para ello escuchar a John Coltrane, a Thelonious Monk, Lester Young o a Archie Shepp y comprender y percibir que pese a su complejidad y abstracción el jazz llega directamente a nuestras emociones de un modo directo, como un rayo que te atraviesa y parte por la mitad. El jazz es individualista, original, verdadero, honesto.


J,ER: Cuando un fotógrafo enfoca, ¿busca o encuentra?

EC: Busca y encuentra. Primero debe buscar para después poder encontrar. El jazz hace que sea fácil encontrar. Es una fuente de inspiración continua. Todo alrededor del jazz es de una belleza plástica única. A la cámara le gusta la atmósfera que envuelve y seduce un club de jazz. El objetivo juega con la iluminación y con sus diferentes focos de intensidad y contraste; saca partido a la variedad de instrumentos, tamaños, formas, materiales. O la sobriedad de un escenario desnudo, o lo contrario, un club de jazz con ambiente, gente atmósfera jazzística; micrófonos, partituras. La forma de vestir de algunos músicos, que puede ser extravagante, atractiva, refinada. Sus gestos, una sonrisa hacia la cámara, una mirada concreta hacia un punto; un silencio donde la introspección se hace escucha. Estar atento a todos los gestos que realiza el músico cuando toca o está en calma. Tener intuición es importante y decisivo.



J,ER: ¿Tienes algún referente en el mundo de la fotografía que te haya inspirado o al que te gustaría parecerte?

EC: Sin duda estoy influenciada no sólo por los grandes fotógrafos de jazz sino también por los grandes de la fotografía como Henri Cartier-Bresson, Man Ray, Ansel Adams, André Kertész, Andreas Feininger, Robert Doisneau, Walker Evans, Harry Callahan, Lee Friedlander, Diane Arbus, Bill Brandt, Man Ray o Paul Strand, Alexander Rodchenko o László Moholy Nagy.
     Me  fascinaron las imágenes del clásico fotógrafo de jazz Herman Leonard que en 1948 se instaló en Nueva York y abrió su estudio en el Greenwich Village. Siendo un enamorado de este estilo musical, retrató en esta ciudad, en plena época dorada del jazz, años 40 y 50, a los grandes músicos que desarrollaron este género desde Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Art Tatum, Bud Powell, Art Blakey, Dexter Gordon o Lester Young, por nombrar unos pocos. Sus fotos relatan muy bien la esencia del jazz. Su blanco y negro elegante, los contraluces que reflejan también el ambiente del humo de los cigarrillos, el espíritu bohemio, sus composiciones perfectas. Conocí a los grandes del jazz a través de su mirada.

J,ER: Cuéntanos cómo ha sido la experiencia de lanzar el libro.

EC: Muy emocionante y a la vez muy compleja. Porque es mi primer libro. La editorial que decide publicar tu libro debe creer en ti. Y pensar que el libro se va a vender. Saber que hay un mercado, gente interesada en comprar el libro. Saber qué aporta el libro al mercado de la edición. Un año de mucho trabajo. El libro recopila mis inicios en la fotografía del jazz hasta la actualidad, 25 años resumidos en 180 fotografías. Había que tomar muchas decisiones. Espero publicar más libros, tengo muchas fotografías y músicos que mostrar, realmente es un homenaje a ellos , a los músicos de jazz.

J,ER: Pregunta obligada. ¿A qué músico te hubiera gustado fotografiar si estuviera vivo?

EC: A muchos. Pero sólo voy a nombrar a uno para no dispersarme. Al saxofonista alto Art Pepper. Desde que era joven sentí fascinación por él. Pero como te digo, me hubiera gustado fotografiar a muchos. Yo diría que a todos los grandes.


J,ER: Por último, te pedimos algo que suponemos difícil. Elige una fotografía del libro.

EC: Sí, es difícil la pregunta porque me gustan todas. ja ja ja ja ja ja. Pero como me pides que elija una me decido hoy por la fotografía de Benny Carter realizada en el Festival Jazz aux Remparts, en Bayona en 1994. Justo la estoy mirando ahora mismo y me llama la atención su mirada a un punto exterior lejano y a la vez mira como hacia dentro quizá a un recuerdo o a una emoción interior. Sus manos grandes con el anillo en un dedo sujetando suavemente el saxo, con delicadeza. La vestimenta, el traje chaqueta. El calcetín blanco y el zapato que asoma. La forma que tiene de estar erguido sobre la silla. Es una fotografía increíblemente digna que ennoblece al grandísimo Benny Carter. Justo es el compositor del tema cuyo título he elegido para mi libro: When Lights Are Low.


J,ER: Gracias, Esther Cidoncha por dedicarnos tu tiempo y tus palabras. Te deseamos mucha suerte con tu fantástico libro y esperamos que tu carrera siga dando tan buenos frutos.

El libro se puede encontrar en librerías y, para más detalles, pueden visitar su blog: http://ecidonchafotosdejazz.blogspot.com

Improvisado por Félix Amador-Gálvez alrededor de las 00:02
Archivado como: Antonio Muñoz Molina, Benny Carter, Billy Harper, entrevistas, Esther Cidoncha, Fotografía de jazz, Jazz made in Spain, Sonny Simmons, Wadada Leo Smith

19 de enero de 2015




Wolter Wierbos - Bimhuis - Ámsterdam



Al finalizar el concierto de jazz es muy normal entre los músicos abrazarse. Los abrazos son de compañerismo, muy auténticos. Se han entendido entre ellos. Me gusta cómo cruza el trombón delante de ellos dos en un querer participar también de la complicidad.

PODIUM TRIO
Wolter Wierbos, trombón

Jan Kuiper, guitarra
Paul van Kemenade, saxo alto
Bimhuis, Ámsterdam, 30 de diciembre de 2014

Wolter Wierbos © by Esther Cidoncha 2014












17 de enero de 2015




Angelo Verploegen - Louk Boudesteijn - Paul van Kemenade - Wiro Mahieu - Bimhuis - Ámsterdam




THREE HORNS AND A BASS
Angelo Verploegen, trompeta / fliscorno
Louk Boudesteijn, trombón
Paul van Kemenade, saxo alto
Wiro Mahieu, contrabajo
Bimhuis, Ámsterdam, 30 de diciembre de 2014











Chris Kase - Café Central - Madrid




El trompetista y compositor Chris Kase nació en New Brunswick en 1964. Vive en Madrid desde 1997. Ha tocado junto a The Mingus Big Band, Adam Nussbaum, Kenny Wheeler, Bob Mintzer, The Bird of Paradise Orchestra, Steve Coleman, Chick Corea, Steve Wilson, Al Foster, Grant Stewart, Bruce Barth, David Berkman, Perico Sambeat, Iñaki Salvador, Jorge Pardo y Don Braden, entre otros. Ha publicado siete discos como líder. El más reciente titulado My Private Circus.

Sebastián Chames, piano
Rafael Águila, saxo
Chris Kase, trompeta
Ander García, contrabajo
Daniel García, batería
Café Central, Madrid, 10 de enero de 2015

Photo © by Esther Cidoncha 2015



16 de enero de 2015




Chris Kase - Ander García - Rafael Águila - Café Central - Madrid



Sebastián Chames, piano
Rafael Águila, saxo
Chris Kase, trompeta
Ander García, contrabajo
Daniel García, batería
Café Central, Madrid, 10 de enero de 2015

Photo © by Esther Cidoncha 2015








13 de enero de 2015




Sebastián Chames - Café Central - Madrid





El músico y su entorno, el club, el público, los camareros, los instrumentos, los atriles, los micrófonos, las mesas, las sillas y más objetos variados que se entremezclan en la oscuridad de la noche jazzística tomando una cerveza o un buen gin tonic. Ya no hay humo, ya no hay cigarrillos encendidos, se ha perdido ese atmósfera cargada y densa pero se respira mucho mejor. Fotografías del pianista y compositor argentino Sebastián Chames en el Café Central. Gran músico, enorme pianista, excelente compositor. Su disco Reconstruccion es una maravilla que os aconsejo comprarlo, justo lo estoy escuchando en este momento disfrutando de este gran día soleado invernal. Tengo la suerte de tener el disco firmado, todo un placer.

Sebastián Chames, piano
Rafael Águila, saxo
Chris Kase, trompeta
Ander García, contrabajo
Daniel García, batería
Café Central, Madrid, 10 de enero de 2015

Photos © by Esther Cidoncha 2015











12 de enero de 2015




Café Central - Madrid





Uno de los ‘deberes’ o mejor dicho ‘enormes placeres’ que tenía pendiente estos días era ir a Café Central y celebrar que sigue luchando que sigue abierto que han estado a punto de cerrarlo pero ahí lo tenemos todo entero para seguir disfrutándolo con ganas y felicidad. El sábado noche estaba tan lleno que no cabía ni una mosca, cinco musicazos salieron a escena, entonces se hizo el silencio para dar paso a una gran música liderada y creada por Sebastián Chames, jazz del bueno, jazz del auténtico, jazz de ese que te invita a soñar, que te sugiere cosas, imágenes, atmósferas, donde el swing y el blues están presentes, jazz inteligente, jazz contemporáneo. Estos días pondré fotos es mi pequeño homenaje a Café Central. La mejor manera es ir por allí a disfrutarlo. Y como veis a través de un espejo, yo estuve allí.

Café Central © by Esther Cidoncha, 10 de enero de 2015







John Betsch - Bimhuis - Ámsterdam




John Betsch nació en Jacksonville, Florida, en 1945. Su madre era organista y pianista. Betsch estudió en el Berklee College of Music y en la Universidad de Massachusetts, bajo la enseñanza de Max Roach y Archie Shepp. En 1975 se traslada a Nueva York donde toca con Marion Brown, Paul Jeffrey, Max Roach, Jeanne Lee y Henry Threadgill. Entre los años 1977 a 1979 toca junto a Abdullah Ibrahim. Más tarde toca junto a Archie Shepp. Desde 1985 Betsch vive en Europa. Sigue desarrollando su música junto a músicos como la pianista francesa Claudine François, su propia esposa. También ha tocado con el pianista Mal Maldron. Magnífico concierto de dos grandes veteranos del jazz de vanguardia. Todo un lujo disfrutado en el espléndido club Bimhuis, en Ámsterdam, justo al lado del mar. Las vistas son paradisiacas.

David Murray, saxo tenor
John Betsch, batería
Bimhuis, Ámsterdam, 30 de diciembre de 2014

Photos © by Esther Cidoncha











10 de enero de 2015




David Murray - Bimhuis - Ámsterdam




Dos noches inolvidables en el club emblemático de jazz Bimhuis en Ámsterdam. Os recomiendo que vayáis por allí. Iré mostrando algunas imágenes de los diferentes conciertos y momentos vividos. Empiezo con el saxofonista americano David Murray que tocó a duo junto al batería John Betsch. David Murray nació en Oakland, California, en 1955. Empezó tocando en la iglesia junto a sus padres, también músicos, y sus dos hermanos. El sonido de Sonny Rollins le inspira cambiar el saxo alto por el tenor. Se traslada a Nueva York donde conoce a grandes músicos como Cecil Taylor, Anthony Braxton, Don Cherry, Lester Bowie o Oliver Lake, entre otros. Más tarde colabora con Max Roach, Randy Weston o Elvin Jones. A lo largo de su frenética carrera ha grabado decenas de discos. David Murray es uno de los saxofonistas más importantes en la escena del jazz de vanguardia contemporánea. Enlaza la tradición jazzística con la modernidad, abriendo las puertas del futuro del jazz con una visión enriquecedora del mismo, marcando un claro estilo propio. Ahí estuve yo para verlo y fotografiarlo.

David Murray, saxo tenor
John Betsch, batería
Bimhuis, Ámsterdam, 30 de diciembre de 2014

Photos © by Esther Cidoncha









26 de diciembre de 2014




Buddy DeFranco - Valencia 1993




Ayer 24 de diciembre a sus 91 años el clarinetista Buddy DeFranco nos abandonó para siempre. Había nacido en New Jersey en 1923. Fue el primer músico en conseguir que el clarinete no se quedara atrás en la evolución del jazz moderno, adaptando el clarinete al movimiento bebop. Durante su carrera grabó más de 150 discos siendo el clarinetista más avanzado de jazz desde la Época del Swing. Buddy de Franco fue un músico dotado de una capacidad improvisativa e imaginativa como pocos en la historia del jazz. Tocó y grabó junto a muchos grandes del jazz como Art Tatum, Tal Farlow, Billie Holiday, Nat King Cole, Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Stan Getz, Lenny Tristano, Billy Eckstine, Barney Kessel, Herb Ellis, Art Blakey, Mel Tormé, Terry Gibbs, Oscar Peterson, Sonny Clark, Gene Krupa, entre otros. Durante los años 1945 a 1955 fue nombrado consecutivamente por la prestigiosa revista Down Beat como Mejor Clarinetista entre los clarinetistas de esa época. Buddy DeFranco fue elegido miembro honorífico en el 'American Jazz Hall of Fame', sociedad creada para el reconocimiento de aquellos individuos que han realizado contribuciones excepcionales a la música de jazz, entre ellos están Art Blakey, Charlie Parker o Norman Granz.

Aquí muestro una imagen que le hice en Valencia en 1993. La fotografía se encuentra en mi libro recién editado de retratos de jazz When Lights Are Low. Fue un placer conocerle maestro.

Buddy DeFranco © by Esther Cidoncha, Valencia 1993



23 de diciembre de 2014




George Cables - Newport Jazz Festival 2014 - Rhode Island




El concierto empezó sin el pianista George Cables. Al cabo de unos minutos lo vi salir entre bambalinas hacia el escenario sigiloso, cauteloso, tímido tal vez. Pensé esta es mi oportunidad de hacerle la instantánea, una vez se siente al piano lo tendré un poco más difícil. Y así fue como capture esta imagen con todo el respeto del mundo hacia uno de los grandes pianistas. Nació en Brooklyn, Nueva York en 1944. A sus 70 años sigue con esa vitalidad que le caracteriza, con esa elegancia en el fraseo y esa generosidad como persona. Y como estamos a día 23 de diciembre aprovecho este momento para desearos Felices Fiestas y Feliz Año 2015. PAZ, AMOR, SWING.


THE COOKERS
Donald Harrison: saxos, flauta
Billy Harper: saxo tenor
Eddie Henderson: trompeta
David Weiss: trompeta
George Cables: piano
Cecil McBee: contrabajo
Billy Hart: batería
Newport Jazz Festival 2014, 60 Years, 3 de agosto de 2014

George Cables © by Esther Cidoncha 2014







22 de diciembre de 2014




'When Lights Are Low' - El jazz visto por Esther Cidoncha - El Blog de Missingduke




EL BLOG DE MISSINGDUKE
JAZZ HASTA EN LA SOPA / JAZZ EEEEEVERYWHERE

'When Lights Are Low'. El jazz visto por Esther Cidoncha
Lunes, 10 de noviembre de 2014

http://missingduke.blogspot.com.es/2014/11/when-lights-are-low-el-jazz-visto-por.html


Posiblemente, dos fueron los hechos biográficos que llevaron a Esther Cidoncha a acabar teniendo una irrevocable relación íntima con el jazz.

El primero de ellos es la revelación que sintió al escuchar por vez primera en su adolescencia un sonido que nada tenía que ver con la música de autor a que estaba acostumbrada en su entorno. Aquello, llamado jazz, creó en ella tal sentido de la identidad que nunca más volvió a abandonarlo.

El segundo de estos hechos se aproximó a través de un vehículo diferente: el de la fotografía. Su interés por la obra de figuras como Cartier-Bresson o Bill Brandt la llevaron a conocer el trabajo de otros fotógrafos cuyas instantáneas se centraban en el mundo del jazz. William Claxton fue una de las piezas de este engranaje de circunstancias que llevaron a Esther Cidoncha a empezar a experimentar con un cámara hacia la década de 1990.

Esta afición pronto empezó a tomar forma de obsesión porque, finalmente, en palabras de Esther, "es tu reto". Cuenta que la fotografía le recuerda al jazz "porque cuando todo comenzó no había escuelas; los músicos practicaban horas y horas buscando su sonido". Ella sintió algo parecido en el trabajo por encontrar el matiz adecuado para cada imagen: "Ahora tienes Photoshop, pero entonces para crear esos matices recurría al papel."

Ya con un propósito claro, Esther Cidoncha decidió enfocar su vida y su cámara en lo que sucedía durante las actuaciones de jazz. Comprendió bien que la improvisación es algo único que sólo existe durante un instante, y quiso aceptar el reto de plasmarlo en una imagen. Esta búsqueda por conseguir retratar al músico como vehículo de ese trance musical y vital que es la improvisación la llevó a tomar fotografías por toda suerte de teatros, clubes, festivales y antros a lo largo de varios países.

Un paseo por esta vida de instantáneas es el corazón de lo que encontraremos en When Lights Are Low: un catálogo que muestra parte de lo que el jazz ha sido en las últimas dos décadas, y, a la vez, un plano secuencia de la evolución en la fotografía de Esther Cidoncha, donde por medio de sus imágenes se narran sus primeras pruebas, su experimentación, su paso de lo analógico a lo digital y la cimentación de su estilo.

Este estilo, tan reconocible hoy en su fotografía, marca el título del libro, pues en sus cuatro palabras se define la presencia de un lugar íntimo, en su mayoría clubes sin apenas iluminación, la ausencia de flash en su cámara y el ajuste de una sensibilidad ISO muy alta para conseguir estas piezas en blanco y negro que quieren atestiguar un momento y trascender hacia la sinestesia para conseguir convertir el sonido en imagen.




When Lights Are Low. Retratos de Jazz
Textos de Wadada Leo Smith, Antonio Muñoz Molina, Chema García Martínez y José María Díaz-Maroto.
Editado por La Fábrica. 24 x 27 cm. 232 páginas (cartoné con camisa).
ISBN: 978-84-15691-95-2

http://missingduke.blogspot.com.es/2014/11/when-lights-are-low-el-jazz-visto-por.html





Ron Carter - Newport Jazz Festival 2014 - Rhode Island




Ver sonreír y disfrutar al mítico contrabajista​ americano Ron Carter es toda una delicia, en Newport Jazz Festival Fort Adams State Park, nos regaló un excelente concierto, lleno de ritmo, pulsación, con su swing particular, una elegancia intemporal, complejidad, creatividad, sabiduría, de sonido impecable. Se notaba que estaba relajado, divirtiéndose y eso se transmite y se percibe. Nació en Michigan en 1937. Sus dedos entrenados, largos, disciplinados, ágiles, endurecidos y su mente inteligente y muy creativa hacen de él un hombre y un músico joven. Carter se hizo famoso gracias al segundo gran quinteto de Miles Davis, a comienzos de los años 1960, que también incluía a Herbie Hancock, Wayne Shorter y Tony Williams. Ha grabado y tocado con los más grandes como Thelonious Monk, Art Farmer, Red Garland, Randy Weston, Wes Montgomery, Tommy Flanagan, Dexter Gordon, entre muchos. Qué placer tener al grandísimo Ron Carter a tan solo un metro de distancia una mañana de agosto en Newport.

Ron Carter, contrabajo
Russell Malone, guitarra
Donald Vega, piano
Newport Jazz Festival, Rhode Island, agosto 2014

Ron Carter © by Esther Cidoncha





20 de diciembre de 2014




Lee Konitz - Newport Jazz Festival - Rhode Island 2014




Me encanta el saxofonista alto Lee Konitz y además he tenido la gran suerte de verlo y fotografiarlo en diferentes ocasiones en directo. Es un honor y un placer. Está considerado uno de los músicos impulsores del cool jazz, se ha aproximado al bebop y a la vanguardía jazzística. Uno de mis discos favoritos sin duda es 'Lee Konitz with Warne Marsh'. Me gustan mucho 'Cool Man', 'Lee Konitz meets Jimmy Giuffre', 'Very Cool', o 'Conception', por nombrar algunos de diferentes etapas. Nació en Chicago en 1927. Estamos a punto de terminar 2014 y Konitz sigue tocando con fuerza y sensibilidad. Soplar no le debe ser ya tan fácil y sus manos quizá no tengan la misma agilidad de antes, sin embargo cuando coge el saxo su mente despejada y creativa lo da todo de sí.

Lee Konitz
Newport Jazz Festival, Rhode Island, 2014

Lee Konitz © by Esther Cidoncha 2014











Esther Cidoncha, fotografía más allá de la mitología del jazz. Por Carlos Pérez Cruz. EL ASOMBRARIO.




EL ASOMBRARIO

http://elasombrario.com/esther-cidoncha-fotografia-mas-alla-de-la-mitologia-del-jazz/

Esther Cidoncha, fotografía más allá de la mitología del jazz
Por Carlos Pérez Cruz
23 de Noviembre de 2014




      

Reflexiona el escritor Antonio Muñoz Molina: “El buen fotógrafo de jazz es el que retrata la condición entre profetas solitarios y jornaleros cumplidores de los músicos”. Es precisamente lo que ha sabido hacer Esther Cidoncha en su primer libro de fotografías de jazz, ‘When lights are low’, publicado recientemente por La Fábrica y en el que muestra su trabajo en escenarios de España, Europa y EE UU desde 1990 hasta hoy. De ella ha dicho Muñoz Molina: Cidoncha sabe captar “agudamente en los músicos de jazz esa presencia imponente y sin arrogancia tan particular de ellos”.

Escribe el periodista Chema García Martínez: “La cámara de Esther Cidoncha se mueve por los márgenes precisos de la realidad; el territorio de las luces tenues donde nada es cierto y todo es posible”. Y añade el trompetista Wadada Leo Smith: “Observando las bellas fotografías que Esther Cidoncha nos ofrece en su libro, veo una conexión real entre el ayer y el mañana, los viejos músicos y los nuevos”.



Carlos Pérez Cruz : “El ojo escucha lo que el oído no oye”. Es una cita de Geoff Dyer que preside un texto tuyo incluido en el libro. Imagino que primero fue el oído y después el ojo. ¿Qué llegó a apreciar Esther Cidoncha a través del ojo que no hubiera percibido antes con el oído?

Esther Cidoncha : Creo que el ojo acompañó rápidamente al oído. Antes de ir a conciertos, empecé a escuchar discos de jazz fijándome mucho en las cubiertas y en sus fotografías, que me llamaron poderosamente la atención. No puedo desligarlo, desde el principio las imágenes me resultaban muy sugestivas, me motivaban poderosamente. La música de jazz fue como un rayo que me partió en dos. Nada más empezar a escucharla me enamoró por completo por su complejidad, por su forma sobria, auténtica, por su forma de expresar emociones que llegan directas hacia nosotros. Todo eso me causó una fuerte impresión.


Carlos Pérez Cruz : El jazz es quizá la expresión musical que más literatura fotográfica tiene. Hay algo que parece hacerla especialmente atractiva para el ojo fotográfico. ¿Qué es?

Esther Cidoncha : Son muchas cosas, hay muchos parámetros al respecto. Si ves las fotografías de Herman Leonard, te llama extraordinariamente la atención la fuerza que tienen y transmiten, cómo capta la esencia, esa autenticidad, cómo traslada a las imágenes el swing, tienen musicalidad, son sonoras, algo muy auténtico. También llama muchísimo la atención la composición, el entorno del propio músico, lo que le rodea, los instrumentos tan variados, es plástico y fotogénico. Los grandes fotógrafos como Leonard o William Claxton surgieron en la época dorada de los años cincuenta, la del tabaco, el humo de los cigarrillos, las copas… Se enamoraron de esa tremenda plasticidad. Por supuesto, les gustaba muchísimo el jazz. Los fotógrafos que trabajaron en Nueva York o lo hicieron en la costa Oeste no entienden igual la fotografía de jazz, aunque todos son igualmente interesantes. Todo ello me causó gran impresión. Yo llevaba tiempo viendo catálogos de fotografía de los grandes, Cartier-Bresson, Lee Friedlander, André Kertész… Me llamaban mucho la atención, yo era muy fanática de comprar catálogos y pasarme horas y horas viéndolos, pero en cuanto conocí el jazz comprendí enseguida que quería hacer ese tipo de fotografías. Fue entonces cuando me compré la cámara de fotos.


Carlos Pérez Cruz : Al igual que la propia música sigue su camino -cambia, muta, evoluciona- también lo hace la fotografía. Tengo la sensación de que en la fotografía de jazz hay un peso muy importante de la tradición determinada por algunos de los nombres que has mencionado. ¿Pesa cómo se ha mirado al jazz desde la fotografía?

Esther Cidoncha : Sí, muchísimo. Aunque veo nuevas tendencias, no son las mías. A mí, a la hora de buscar mi propia estética, mi lenguaje fotográfico, me han influido principalmente Herman Leonard, William Claxton, Burt Goldblatt, también Lee Friedlander, que sacó bastantes libros de músicos de jazz. Sí, hay un peso muy importante, por lo menos en mi visión, en mi forma de hacer. Dentro de ese lenguaje incluyo a Mark Ryan, Ansel Adams, Alexander Rodchenko, Paul Strand, Bill Brandt… Es decir, los grandes clásicos, sobre todo de la época de los años cincuenta y sesenta, me han influido poderosamente y es de la manera en que entiendo la fotografía. Creo que hay un paralelismo importante con el jazz. La verdad es que sigo escuchando la música de los años cincuenta, no me puedo apartar de esa década fantástica, la época dorada. Por supuesto que me gusta la vanguardia, que he ido este mes a ver a Louis Moholo, que tengo [en el libro] a Peter Brötzmann, a Anthony Braxton; soy una fanática también de lo que se está haciendo actualmente en la vanguardia, pero reconozco que en cuanto a lo que es una estética visual me siguen atrayendo los grandes clásicos, lo tengo muy claro. De hecho, todo lo que estoy viendo nuevo no me impacta. En primer lugar, las fotografías actuales a color tienen una gran influencia del pop, mucho más comercial, de estudio, no me gustan personalmente, las veo más artificiales, más de pose, como si se alejaran de lo que significa el lenguaje del jazz, que tiene una gran semejanza con lo que hicieron los grandes fotógrafos de los años cincuenta. Por eso yo quiero seguir esa tradición.


Carlos Pérez Cruz : Hablas de color en esas nuevas formas fotográficas. Dice el trompetista Wadada Leo Smith: “Cuando hay color, la gente se parece a nosotros, no hay diferencia entre la foto y la realidad. Pero el blanco y negro establece una diferencia real, porque te obliga a pensar en qué consiste la imagen, en qué es real y qué no lo es. Sin esa reflexión no hay arte”. La elección del blanco y negro podría parecer una cuestión simplemente estética. ¿Hay algo más allá de un criterio estético para la elección del blanco y negro en tus fotografías?

Esther Cidoncha : Sí. Para empezar, entiendo que entre el jazz y la fotografía hay ciertas similitudes. Por ejemplo, su espontaneidad, la captación de emociones, experiencias que se traducen en un breve instante. Entiendo que la fotografía en blanco y negro basta por sí sola para expresar el jazz por su lenguaje sobrio, puro, austero, sugestivo, evocador…, no necesita el color. Para mí el color es un aderezo extra, lo asemejo más a otro tipo de lenguajes, quizá más el pop, el rock, que son lenguajes con muchos más aderezos, más decoración, mientras el del jazz es austero y sobrio. La esencia del blanco y negro retrata perfectamente y se asemeja más al jazz.


Carlos Pérez Cruz : El abaratamiento de las cámaras ha permitido que muchas personas dispongan de buenos instrumentos, otra cosa es su uso. El acceso a internet ha facilitado que sus disparos estén presentes en cientos y cientos de espacios web, blogs, etcétera. La sobreabundancia de imágenes puede llegar a nublar la vista. ¿Qué hace de una fotografía no sólo un recuerdo sino una obra de arte?

Esther Cidoncha : Que la fotografía transmita más allá de la mera documentación. No se trata de disparar sin buscar algo más. Cuando disparas porque sí, simplemente para tener un recuerdo del concierto, lo que estás haciendo es documentar esa realidad tal cual está siendo en el escenario, pero bajo una óptica que no es la del ojo del fotógrafo sino simplemente la del ojo de la propia cámara. Tú disparas, haces clic y automáticamente esa cámara saca una imagen. Un buen fotógrafo que tenga criterio ha de dedicarle tiempo a saber qué fotografía quiere hacer. Por eso no creo en estos fotógrafos que disparan clac clac clac clic clic sin parar, sino que hay que mantener una cierta calma, convertirse de alguna manera en un cazador y buscar belleza en la imagen. Necesitas tener mucha serenidad, tranquilidad, a la hora de captar una imagen, porque tienes que ver la composición, la estructura, fijarte mucho en los gestos para buscar la personalidad del músico, para saber aprovechar bien cada momento de ese instante, ver cómo utiliza su instrumento, qué instrumento es… No es lo mismo estar en un club de jazz con muy poquita luz que en un festival, que estar en un camerino. Hay que estudiar muchísimo cada situación, fijarse detalladamente en la personalidad del músico, es muy importante.

Con las antiguas máquinas, al tener muy pocos negativos, se pensaba mucho. Actualmente debería seguir siendo así. Sabemos que con las digitales disparas y esa fotografía digital se borra si no te gusta, pero yo no soy partidaria de eso. Veo cómo muchos fotógrafos que tengo cerca de mí se ponen a disparar, y yo muchas veces me pregunto sinceramente -pero no me lo pregunto juzgando a los demás sino porque me gusta hacerme preguntas para mejorar como fotógrafo-, ¿qué es lo que están disparando realmente? ¿Qué están pensando cuando disparan? ¿Por qué se agachan? ¿Por qué se ponen de pie en un ángulo? ¿Qué es lo que buscan? ¿Qué hacen? Es muy importante observar las fotografías de los demás fotógrafos para saber exactamente dónde estás tú, qué es lo que quieres hacer y qué pretendes. Para ello se necesita mucha reflexión, muchas horas y, cuando estás delante de los músicos, saber exactamente y tener un criterio claro de lo que quieres hacer.


Carlos Pérez Cruz : Reflexionas en el libro sobre la dificultad para trabajar en condiciones de luz tan extremas, pero también en la incidencia que puede tener la presencia de un fotógrafo en el disfrute del público y en la concentración del músico. Hay conciertos hoy donde casi hay más fotógrafos que espectadores. ¿Cómo se debería gestionar la presencia de fotógrafos en conciertos? Porque se están dando situaciones de conflicto.

Esther Cidoncha : Es más que cierto. Por ejemplo, yo este verano estuve en el famosísimo festival de Newport, que celebraba el sesenta aniversario y fui a conocerlo, a disfrutar de él. Allí hay una selección bastante rígida. Hay que mandar un dossier del trabajo del fotógrafo con muchos meses de anticipación. Tardan un tiempo en responder porque hay un análisis, un estudio de la calidad de las fotografías. Ven los medios para los que has trabajado, cómo, y entonces te dan o no el visto bueno. Si te lo dan, tienes permiso para entrar a las salas VIP, en las de los artistas, puedes estar con ellos, ir al backstage, tienes cierta libertad para moverte en torno a todo el festival, es un muy buen proyecto para que festivales como los de España tomen en consideración.

Aquí no se trabaja de esa forma, hay muchísimos, demasiados, excesivos fotógrafos, y a la hora de hacer fotografía te meten en una especie de zona privada muy pequeña donde no te puedes mover. Los fotógrafos hacen un tipo de fotografía muy parecida porque son momentos donde no tienes tiempo para reflexionar, para saber, dudar, pensar cuándo quieres hacerla, estudiar bien la situación, sino que a lo mejor te dan cinco minutos y en esos cinco minutos todos los fotógrafos tienen que realizar fotos. Yo cada vez participo más de no ir a esos festivales. De hecho, voy cada vez menos y procuro buscar otros como el de Luz-Saint-Sauveur en los Pirineos, un festival parecido, aunque con muchas diferencias, al famoso de Newport, pero donde el fotógrafo está completamente libre por el backstage, está muy cerca de los músicos, que es lo más interesante a la hora de sacar una buena fotografía, puedes conversar con ellos o simplemente observarlos, o conversar con ellos a través del objetivo, no hace falta hablar con palabras. Es muy importante que haya pocos fotógrafos, yo cada vez abomino más de los festivales donde te dan cinco minutos, donde hay un espacio excesivamente reducido, donde no te dejan acudir a las pruebas de sonido, no hay un acercamiento hacia los músicos… Sinceramente, prefiero no ir y no me importa perderme de alguna manera a grandes músicos. No creo que sea el momento ideal de verlos.


Carlos Pérez Cruz : Casi un cuarto de siglo de fotografías de jazz comprimido en 232 páginas de este libro. La primera imagen es de 1990, la última de este mismo año. Un autorretrato de 1990 comparado con uno de 2014 nos permite ser conscientes de nuestro cambios físicos. Mirar hoy 24 años de imágenes, ¿le permite a Esther Cidoncha ser consciente de cambios en su mirada fotográfica?

Esther Cidoncha : Más que mi propia mirada, que creo que en eso tengo una constante bastante clara, lo que ha cambiado es lo exterior. Empecé con la cámara fotográfica clásica, analógica, con su carrete negativo, en el cual tenías 24 imágenes para disparar, había que medirlas muy bien, no podías ver en ese momento la imagen a través de la propia cámara, como actualmente en las digitales, no sabías qué retratabas, tenías que prepararte muy bien para lograr que esas fotografías salieran bien, con buena luz, con un buen enfoque, todo era manual. Ha influido mucho el cambio a las cámaras digitales. Yo empecé con una Yashica manual muy pequeñita, con un solo objetivo de cincuenta milímetros, era una cámara muy austera, extremadamente sobria, no hubo nunca cambios en ese objetivo, no me permitía hacer grandes malabarismos. Sin embargo, lo que produjo esa cámara fue un acercamiento importante al músico, porque al ser de un objetivo de cincuenta milímetros, tenías que estar muy próxima a él. Todo ello motivó que me interesara ir siempre a las pruebas de sonido, lo que conllevaba ir con muchísima anticipación, estar con ellos, etcétera.

También los músicos eran distintos hace 25 años, eran más cercanos. Quizá no se tomaban las actuaciones como un estar de bolos, en el sentido de algo aburrido, cansado, con ganas de irse a casa a ver el partido de fútbol, de tenis, de baloncesto…, porque ellos son humanos y también les gusta muchísimo el deporte, como a cualquiera. Yo estoy viendo ahora un gran cambio, también en la vestimenta. En mis fotos de principios de los años noventa, la mayoría de músicos van vestidos con traje de chaqueta, con corbata, camisa…, como si fueran ejecutivos, pero dándoles un aire muy distinto, dignificando, elevando a una categoría superior el jazz. Es mi humilde opinión. También hay músicos como Lester Bowie, Don Moye o Randy Weston, vestidos de africano. Dignificaban el jazz no sólo con la música, sino creando una estética con la que se identificaban. Ahora vas muchas veces a un pequeño club de jazz y los músicos van vestidos con una camiseta vieja, un pantalón, con la ropa con la que van todo el día, de andar por casa. Van cómodos, no se cambian. A través de las fotografías se nota ese cambio de estética y, la verdad, no creo que favorezca mucho. También entiendo que si para ellos es su forma esencial, verdadera, de ver el jazz, está bien que se muestren tal y como son. En ese sentido ha hecho que mi mirada tenga que seguir buscando más. Si te fijas en los grandes fotógrafos, como Herman Leonard, o si tomas a Billie Holiday, a Lester Young, a Dexter Gordon, van todos con sus trajes de chaqueta, sus corbatas, camisas, sombreros, Thelonious Monk con esos anillos gigantes, con esos collares… Todo eso ha cambiado y ha perturbado y ha hecho que la fotografía de jazz no sea tan plástica, por lo que a mí, como fotógrafa, me cuesta muchísimo más seguir indagando, buscando cómo conseguir lo que me interesa, que es hacer una fotografía bella, hermosa, seguir elevando esa fotografía de jazz a niveles altos.


Carlos Pérez Cruz : Me ha llamado la atención esta frase de tu texto en el libro: “Cuando te introduces en su mundo, te das cuenta de lo solos que están”. ¿A qué soledad te refieres?

Esther Cidoncha : Me refiero a una soledad real, de ser humano. Por ejemplo, Lee Konitz. La primera vez que lo fotografié fue a principios de los noventa, había leído mucho sobre él, escuchado muchos discos suyos, lo veía como un gran mito…, pero luego resulta que cuando llegas con tu pequeña cámara cerca del músico, te acercas a su camerino, preguntas si le puedes hacer fotografías, te encuentras con un ser humano más allá del mito y de su propia música, de su gran carrera. O coges a Sonny Rollins, a Wadada Leo Smith, a Archie Shepp, que los tienes como un gran top, que crees que van a ser absolutamente inaccesibles, que su música se corresponde con la propia persona, y luego descubres que no es así.

Lo que ocurre en los músicos, no sólo en los de jazz, sino en los grandes músicos de, por ejemplo, la música clásica, es que son personas que están dedicadas en exclusiva y con una obsesión tremenda a su propia música. El estudio, los ensayos, estar tantísimas horas con el instrumento, ocho o diez horas diarias, hace que yo perciba una soledad tremenda, porque se encuentran muy alejados de lo que es el día a día de las personas que no tienen una obsesión. No es que sean esclavos de la música, pero sí que les absorbe de una manera tremenda y es en ese sentido en el que me refiero a que los veo solos. Muchas veces termina el concierto y me he llevado grandes sorpresas. Por ejemplo, en un cuarteto, cada uno se ha ido por su lado. Uno está fuera fumándose un cigarrillo, otro haciendo una llamada por teléfono, hay muchas veces que no veo compañerismo entre ellos [fuera del escenario]. Veo mucha complicidad, que es algo muy esencial en el mundo del jazz, porque tienen que estar muy atentos, escucharse, estar concentrados en el otro y no sólo en uno mismo para poder desarrollar la música y que todo fluya y que de esa forma de fluir surja el swing. De complicidades así han surgido los grandes grupos, el quinteto de Miles Davis, el Modern Jazz Quartet, grupos con una gran complicidad. Lo que yo no sé es si a la hora de terminar un concierto, por ejemplo, del Modern Jazz Quartet, había o no una soledad entre ellos. Eso sabiendo que el ser humano está solo en el mundo, porque aunque nos relacionamos, cada uno vemos la vida desde nuestro propio mundo.

Carlos Pérez Cruz : Un vistazo al índice de músicos retratados nos lleva a ser conscientes de que hay una mayoría aplastante de hombres. Tantos años de trabajo en festivales y clubes, mano a mano con músicos, ¿te permite tener una teoría del porqué de esta abrumadora mayoría masculina?

Esther Cidoncha : Sí, claro. Es evidente, creo que el patriarcado ha influido poderosamente en todos los ámbitos de la vida y de la sociedad, es algo globalizado. Quitando a lo mejor ciertas tribus en que pueda haber un matriarcado, en Occidente, en civilizaciones avanzadas, hay un patriarcado que nos ha marcado por completo y del que no nos podemos librar. Es verdad que hay muchas músicos de jazz, pero también es verdad que están surgiendo ahora. La tradición ha sido de cantantes y pianistas, y ahora mismo hay saxofonistas, contrabajistas, bateristas… Pero no creo que mi libro haya sido injusto en ese sentido, porque lo que refleja es la realidad de que en todos los conciertos a los que he acudido, el tanto por ciento de mujeres ha sido pequeño. Son muy escasas las mujeres con las que me relaciono que hablen de jazz. A muchas les gusta, pero que entiendan no tantas. Hay que saber valorarlas y nunca menospreciarlas. Cuando veo que una mujer siente interés por el jazz y se preocupa por leer y escuchar, trato de ayudarla, porque creo que por tradición a las mujeres no les ha interesado el jazz, como tampoco otros ámbitos, simplemente porque tradicionalmente el patriarcado ha castrado a estas mujeres para que estén en ciertos ámbitos de la sociedad, otorgándoles un rol que era totalmente falso, sigue siéndolo y lo será.


Carlos Pérez Cruz : Mayoría de hombres, mayoría también de estadounidenses, apenas presencia de europeos y puramente simbólica de españoles. Me llama la atención para una fotógrafa que trabaja básicamente en España.

Esther Cidoncha : Eso es cierto. Tengo fotografiados a muchísimos músicos tanto europeos como españoles, por supuesto. El libro se ha hecho bajo una selección estricta. Me he fijado muchísimo en la calidad, en fotografías que digan más allá del propio músico. Es decir, no sólo interesa el propio músico sino lo que trasmite esa fotografía. Es cierto que ha habido una selección que buscaba el nivel y la calidad de los músicos en cuanto a un rango internacional, por su categoría, su currículum, grabaciones, con qué músicos han tocado. También han interferido otros factores personales de músicos que, por lo que sea, me han hecho personalmente mucha gracia, por la corbata que llevaban, por ese sombrero llamativo, por ese anillo, por esa mirada… De músicos españoles he sacado a Perico Sambeat y a Javier Vercher, pero ha sido porque esas fotografías transmiten más allá de ellos. Ambos son grandísimos músicos, los dos tienen carreras internacionales muy importantes. Quiero seguir haciendo libros, tengo más proyectos para sacar a muchísimos más músicos, este es un primer libro. Piensa también que hay detrás una editorial. Las editoriales, aunque sean grandes amantes de las fotografías, piensan también en vender el libro no sólo en España, sino en Europa, se va a vender en Estados Unidos, en Canadá, en Sudamérica, tenía que ser un libro internacional. Es decir, no creas que ha habido una voluntad para excluir a los españoles o a los europeos del libro.


Carlos Pérez Cruz : Todos sabemos lo lucrativo que es ser músico de jazz, qué duda cabe que también ser fotógrafo de jazz. ¿A qué dedica Esther Cidoncha el tiempo libre?

Esther Cidoncha : [Risas] En efecto. Ahora mismo estoy trabajando como instructora de Pilates, realmente es como me gano profesionalmente la vida. Con la fotografía de jazz nunca he ganado sino que he tenido y sigo teniendo que poner dinero. Cuesta muchísimo trabajo mantener una cámara, tengo que estar a la última. Me he comprado el último modelo de Nikon, también tengo el último modelo de ordenador para poder trabajar bien las fotografías… Como fotógrafa de jazz nunca podré ganarme la vida, jamás. El libro ha sido un placer, un gozo, pero precisamente por ello no pienso en las ventas. Ojalá, deseo que se venda, pero por los músicos y por mi homenaje a ellos, a la música en directo, a los técnicos de sonido, de iluminación, a los directores de los clubes, a los productores de los grandes festivales, a los propios músicos, porque todos ellos sí lo merecen. No espero salir adelante económicamente con el libro. Deseo hacer más libros, sacar a más músicos, por supuesto llevo idea de sacar a más músicos españoles y europeos, no quiero poner límites a la fotografía de jazz, pero de ella no se puede vivir.


http://elasombrario.com/esther-cidoncha-fotografia-mas-alla-de-la-mitologia-del-jazz/

16 de diciembre de 2014




Peter King - Albert Sanz - Jamboree Jazz - Barcelona



¿Qué haría un músico sin la movilidad de sus manos, sin la agilidad y rapidez de sus dedos? Debe ser tremendo que te ocurra algo en las manos, alguna enfermedad, algún accidente, el paso de los años. ¿Cuántas horas al día practica un músico con sus dedos? ¿Cómo se cuida las manos un músico? En invierno los dedos parece que están más agarrotados, más tiesos. ¿Influye la estación del año para tocar mejor o peor? De repente se me han ocurrido estas preguntas. Como os prometí, aquí comparto algunas instantáneas del sábado pasado por la noche en el emblemático club de jazz Jamboree, escuchando el cuarteto de Peter King. Muestro el local con muchísimo encanto al terminar el concierto retirándose la gente, y después preparando la disco dance para las horas de la madrugada. La iluminación está bien equilibrada, muy conseguida la atmósfera jazzística de estas históricas cavas de sonoridad perfecta.

Peter King, saxo
Albert Sanz, piano
Masa Kamaguchi, contrabajo
Stephen Keogh, batería
Jamboree, Barcelona, 13 de diciembre de 2014

Photos © by Esther Cidoncha 2014









15 de diciembre de 2014




Peter King - Jamboree - Barcelona




Qué ganas tenía de ir al Jamboree. Local emblemático e histórico de jazz en Barcelona en la Plaza Real, cumple este año 54 añazos. Por su escenario han pasado músicos de la talla de Art Farmer, Ornette Coleman, Dexter Gordon, Elvin Jones, Booker Ervin, Chet Baker, Tete Montoliú, Lou Bennet, Bill Coleman, Brad Mehldau, los hermanos Rossy, Al Foster, entre otros muchos. Esta semana pondré fotos y la dedicaré al Jamboree. Gracias a su excelente programador y director artístico, Pere Pons, en la actualidad es uno de los clubes punteros y a tener en cuenta de nuestra península. Los clubes de jazz hay que cuidarlos y mimarlos más que nunca.

A sus 73 años Peter King conserva intactas la sonoridad y la elegancia que lo acreditan como el músico de jazz más admirado de Gran Bretaña. El año pasado lo pude ver en un homenaje dedicado a él en exclusiva en el famosos club 606 de Londres. Qué gran músico y qué conciertazo dio el sábado en el Jamboree. Con horario europeo, primer pase a las 20h y segundo pase a las 22h, y máxima puntualidad.

Peter King, saxo
Albert Sanz, piano
Masa Kamaguchi, contrabajo
Stephen Keogh, batería
Jamboree, Barcelona, 13 de diciembre de 2014

Peter King © by Esther Cidoncha 2014











GRÁFFICA - Por Mª Ángeles Domínguez - Esther Cidoncha: «Sin la fotografía, el jazz no sería lo mismo»




Por Mª Ángeles Domínguez
18 de noviembre de 2014

http://graffica.info/esther-cidoncha-retratos-de-jazz/


Esther Cidoncha: «Sin la fotografía, el jazz no sería lo mismo»


Esther Cidoncha lleva más de 20 años recorriendo con su cámara los escenarios donde el jazz cobra vida cada noche. Este trabajo fotográfico, cautivador y fascinante para melómanos y amantes de la fotografía queda recogido en el libro When Lights are Low. Retratos de Jazz editado por La Fábrica. 


¿Qué sería del jazz sin la fotografía? Durante años y años, son muchos los fotógrafos que han caído fascinados ante el ambiente que se respira en las salas de jazz, retratando aquellos espacios donde se vive el palpitar de la música en su sentido más puro y los personajes que nos hacen posible vibrar con sus notas. Esther Cidoncha pertenece a este grupo de fotógrafos.

Durante años ha inmortalizado esos momentos. Con su cámara ha retratado tanto los grandes clubes y festivales de Europa y Norteamérica como a aquellos artistas a los que la fama durante años les ha sido esquiva. Desde los años 90 hasta nuestros días, el libro When Lights are Low. Retratos de Jazz reúne fotografías inéditas de mitos del jazz como Art Farmer, Kenny Barron, Benny Carter, Lionel Hampton, Casandra Wilson o Joe Lovano entre más de 150 músicos.

Fotógrafa nacida en Orán, Argelia. Esther Cidoncha reside actualmente en Madrid. Debido a su afición al jazz empezó a realizar retratos de músicos hacia 1990. De formación autodidacta, ha centrado sus fotografías en el mundo del jazz. «Los músicos son una fuente de inspiración continua», explica en su blog. «Sin la fotografía, el jazz no sería lo mismo». Para retratar al músico de jazz, Esther Cidoncha aprovecha todos los elementos que tiene a su alcance, ya sea «en el interior de los camerinos, como en las pruebas de sonido o el mismo concierto: luces sugestivas y tenues; diferentes focos de intensidad y color que crean contrastes; la gran variedad de instrumentos, sus tamaños, formas, materiales; la sobriedad de un escenario desnudo o un club de jazz con ambiente; micrófonos, partituras; la forma de vestir extravagante de algunos músicos; una sonrisa cómplice, un gesto, una mirada, un silencio».

El libro When Lights are Low. Retratos de Jazz es un viaje al interior del complejo y fascinante mundo del jazz, que contiene también textos de Antonio Muñoz Molina, Wadada Leo Smith, Chema García Martínez y José María Díaz-Maroto especialmente escritos para este volumen.